sábado, 30 de junio de 2007

"Gracias, pero de veras no puedo recibir ese Premio"

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Aunque yo no soy fanático de los deportes (a menos que a las Artes Marciales se les incluya en ese término), me he encontrado hoy con un artículo en el diario deportivo "Meridiano" que me ha llamado mucho la atención, sobre todo por la persona de quien viene, que no es otro que José Visconti, reportero de larga trayectoria en la historia deportiva y comunicacional del país que -entre otras cosas- antes de irse a trabajar al canal de televisión que lleva el mismo nombre del diario (un canal deportivo 24 hrs., se entiende) engrosaba las filas de la hoy sin señal RCTV. Me evito más comentarios y me limito a transcibir aquí dicho artículo:

"Imposible para mí acudir hoy al seno de la Alcaldía del Municipio Libertador a recibir el Premio que, en la mención "Investigación y Docencia", me ha sido otorgado por la Corporación Edilicia.

Me lo impide el peso de mi conciencia ciudadana. Especialmente en lo que ella dicta para el comportamiento profesional, una de las tantas y más preciadas facetas de mi existencia, moldeada por la moral y la ética diseñada en el hogar; robustecida por los Padres Eudistas en los claustros del Seminario Interdiocesano de Caracas y coronada a través de la convivencia con tantos y tan dignos colegas quienes -los más- en el grado de maestros, principiando por el profesorado que me formó en las aulas de la Escuela de Periodismo de la UCV, me enseñaron con su ejemplo que vivir sólo vale la pena cuando se hace coincidir coherencia y dignidad.

Llega la hora de las grandes definiciones. Las que retratan la verdadera contextura del deber ser de cada uno. Prohibido permanecer indiferente o algo peor, agazapado, aguardando "la oportunidad" de engancharse al carro de los "victoriosos", cuando no la opción por la indecorosa facilidad de "caminar de rodillas para no gastar zapatos".

Reserva la Sagrada Escritura un terrible dicterio contra los que prefieren "mirar para el otro lado" o, "por si acaso" simular aplausos donde únicamente cabe el rechazo: "Ay de los tibios porque Yo los vomitaré".

Considero que, en los momentos que vivimos los periodistas del país, juntamente con los medios de comunicación, nuestro escenario natural, y cuando abundan -y crecen- señales amenazadoras para la Libertad de libertades, la de expresión, sería detestable, cuan lamentable, ofrecerle hoy el pecho a una presea que, a la larga, representaría el intercambio de la condición de primogénitos de la Verdad ("Ella los hará libres", afirma Jesús) por un plato de lentejas.

No querría yo que ninguno de mis alumnos, al cabo de décadas de ejercicio universitario en tres dignísimas Casas de altos estudios -como tampoco aquellos en cuyo tallado sacerdotal he contribuído en la Cátedra donde también se acrisolaron mis ideales juveniles de servicio a Cristo y a la Iglesia- me señalaran, replicantes, "¿Y ese José Visconti no era el mismo que nos predicaba que...?"

Me consumiría, dentro de no pocos años, que uno solo de mis nietos me preguntara, con la demoledora simpleza del corazón sin mancha "Abuelo ¿Por qué no dijiste "ni esto" cuando tus compañeros de aquella hora eran maltratados, vituperados, acorralados?".

Sería, créanmelo, como si el propio Maestro, Camino, Verdad y Vida, me lo inquiriera, como a sus desvanecidos seguidores en Getsemaní: "¿No pudiste velar siquiera una hora conmigo?"..."

(Citado del diario "Meridiano" del viernes, 29 de junio de 2007, página 3).

Así están las cosas en Venezuela, o así parecen estarlo...

viernes, 22 de junio de 2007

El Mesianismo como Enfermedad

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¿Cómo un católico -seguidor de una fe eminentemente mesiánica- puede hablar del Mesianisno como enfermedad? Aclaremos este punto para entrar en tema.

Según el Diccionario de la RAE, el mesianismo es:

"1. m. Doctrina relativa al mesías.

2. m. Confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera."

DRAE (Diccionario de la Real Academia Española)

Para el caso que nos ocupa tomaremos, evidentemente, la segunda definición.

No hay que ser sumamente ducho en sociología o en historia de América Latina para entender que la mayoría de las sociedades (por no decir todas) del sub-continente siempre han estado en la búsqueda de este "héroe" que resuelva todos sus problemas, una persona que encarne las virtudes del líder carismático y desinteresado que sea capaz de enrumbar la sociedad hacia su perfección (me parece estar retratando a alguien...)

Esto, al contrario de ser tan bueno como parece, ha sido la triste enfermedad que hemos sufrido durante años. La búsqueda incesante de este "Mesías" nos ha hecho relegar en otro la responsabilidad política y social que sólo puede recaer en el ciudadano, en la sociedad como un todo y nunca en un "alter".

La larga data de mesianismos políticos nos ha dado cosas como el estatismo soviético, las dictaduras que poblaron la tierra latinoamericana durante el siglo XIX y parte del siglo XX, el populismo y paternalismo de estado, etc.; oprimiéndonos unas y alienándonos otras, convirtiéndonos en simples "sirvientes" del "Superhombre" nietzscheano, el "Héroe", el "Mesías".

¿Dónde está la respuesta al dilema, a la desilución de la búsqueda infructuosa? En el real protagonismo ciudadano, en la organización de las comunidades y en la aceptación de la propia responsabilidad en la "danza social", en la construcción de esta sociedad. No será buscando líderes que nos lleven para acá o para allá que nos convertiremos en sociedades democráticas y libres, y mucho menos en la ciega aceptación de su voluntad. No es admisible la frase de Nietzsche «El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: que el superhombre sea el sentido de la tierra.» (tomado de "Superhombre" en wikipedia) Asumir la propia responsabilidad es, de hecho, un acto liberador, mientras que relegarla a la voluntad de otro es, también de hecho, un acto de esclavitud.

viernes, 15 de junio de 2007

No es lo Mismo...

Ojo, a veces es fácil confundirse, entre tantos términos e ideologías, y creer que algunos conceptos, completamente diferentes, son la misma cosa.

No es lo mismo "socialismo" y "estatismo" (a pesar de los grandes ejemplos "comunistas" como Unión Soviética o Cuba); no es lo mismo ser la voz de los desposeídos que creérselo, o peor aún, apropiárselo; no es lo mismo hablar de libertades que otorgarlas, o hablar de tolerancia que ser, de hecho, tolerante; no es lo mismo "ser lacayo" que "ser disidente", ni "disentir" es igual a "oponerse".

No es tampoco lo mismo "ser revolucionario" y "ser ignorante", ni es lo mismo "estar convencido" que "estar vendido". Cada persona tiene el derecho de creer en algo y defenderlo y nadie tiene derecho a prejuiciar al otro por ello; esto no degrada al acusado tanto como al que acusa.

Es importante que en tiempos tan política e ideológicamente difíciles como los que vivimos, mantengamos la distancia entre la razón y los sentimientos. La política no es una cuestión de pasión, cuanto de razón y vale tanto un "repetidor de slogans" del gobierno como de la oposición; hay que tomarse el tiempo para estudiarse a sí mismo y ver si se sufre de estas enfermedades.

Pero sobre todo lo demás, es primordial saber que no es lo mismo ser "adversario" que ser "enemigo". La norma general para estos conceptos es que el adversario es alguien que, aunque no esté de acuerdo conmigo, merece mi respeto y atención mientras que el enemigo debe ser eliminado...

Nadie se equivoque, aunque parezcan igual, no son lo mismo...

miércoles, 13 de junio de 2007

Sin palabras...

¿Recuerdan el famoso Rubrik de los 80 -también conocido como "Cubo Mágico"-? (no tienen que decir su edad...). Pues, miren a una niña de tres años armarlo en tan sólo 114 segundos


3 Year Old Solves Rubiks In 114 Seconds

viernes, 8 de junio de 2007

¿Inclusión o Asimilación?

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Después del inusitado evento de hoy en la mañana en el Hemiciclo de la Asamblea Nacional con la actitud -a mi parecer sumamente valiente e inteligente- de los dirigentes universitarios, me veo en la obligación de tratar un par de temas que, aunque están permanentemente en el ambiente venezolano de los últimos ocho años, se me han venido a la mente como exigencia ineludible.

La primera de estas cuestiones es la que da título a esta entrada. Uno de los grandes temas de la Revolución Bolivariana siempre ha sido la inclusión (cosa con la que debo decir que estoy completamente de acuerdo y siempre lo he estado). Ahora, los matices que está "inclusión" ha adquirido me resultan extraños, sino preocupantes.

Teóricamente, la inclusión consiste en dar protagonismo, voz y voto a la gran masa desposeída de la sociedad venezolana, aquellos que siempre hemos sido excluídos en favor de unas minorías que acaparaban la mayoría de las riquezas del país y para quienes nosotros no éramos más que una masa inerte, una especie de "tonto útil" al que sólo se acudía en tiempos electorales. Esta inclusión implica la distribución del poder y la promesa de dar a todos las mismas oportunidades políticas y sociales.

Pero la práctica ha sido un poco diferente. La realidad es que para pertenecer al "grupo de los incluídos" parece indispensable volverse "rojo, rojito", pertenecer al PSUV (por cierto, primer partido político del que tengo conocimiento que la gente se inscribe para ser "aspirante a militante". Si alguno conoce de algún otro, le agradecería me lo hiciera saber, estos son los problemas de no ser militante...), asistir a las marchas y estar de acuerdo con el partido de gobierno.

Alguno(a) podrá decir que esto no es cierto, que no hay pruebas de ello, pero lo cierto es que existen pruebas vivientes, esas personas que, auque no compartan la ideología revolucionaria se ven obligados a entrar en el juego ya sea para mantener sus puestos de trabajo, ya sea para obtener los beneficios sociales que se supone son para todos (algunas de estas personas, conocidos(as) y amigos(as) míos).

Incluso, resulta emblemático el caso del partido PODEMOS que, a pesar de ser afecto al gobierno, se encuentra en una complicada "situación especial" frente al resto de sus "compatriotas" simplemente por dos hechos: 1.- Es uno de los dos partidos (junto al Partido Comunista de Venezuela, PCV) que decidió no fundirse en el maremágnum conocido como Partido Socialista Unido de Venezuela. 2.- Ha sido palabra discordante en algunas ocasiones dentro de la Asamblea Nacional, en donde ocupa algunos curules.

Cosas como estas hacen necesario que uno trate de ver con lupa y se pregunte ¿Qué significa en este país el término "inclusión"? ¿La inclusión pasa necesariamente por la necesidad de "asimilarse" en la ideología gobernante, por "militar" en El Partido? ¿Qué pasa con aquellos(as) que no piensan igual, que no pregonan el "¡Patria, Socialismo o Muerte. Venceremos!"? ¿Ellos(as) no tienen derecho a ser "incluídos"?

A menos que yo esté muy mal y mis neuronas no funcionen correctamente, la inclusión no puede tener como exigencia primera estar de acuerdo con la ideología que lo promulga. Sobre todo si ésta se presenta como reivindicación popular. La inclusión es un acto de unión, no de división, no de nuevas exclusiones. Flaco favor hace a un país incluir a unos excluyendo a los otros, darle cabida a unos sólo para eliminar del plano social a los que no están de acuerdo, a los que no militan, a los que no "pertenecen". Mal puede hablarse de inclusión cuando en realidad se trata de un simple intercambio: los excluídos de antes (primero los pobres y luego los llamados "chavistas") son los incluídos de ahora y los incluídos de antes (primero los ricos y ahora todo el que no esté de acuerdo con "El Socialismo del s. XXI") son los excluídos de ahora. ¿En qué hemos cambiado, en qué mejoramos, qué diferencia tiene esto de la praxis política de gobiernos anteriores que simplemente despedían a algunos de los cargos públicos para contratar a los "suyos"? ¿Acáso no es esto clientelismo, carnetismo? ¿Cómo es posible que si manifiestas una posición contraria al gobierno eres, automáticamente, un golpista, un guarimbero, un desestabilizador, un neoliberal (yo no he sido, no soy y jamás seré neoliberal) y un anti-revolucionario? ¿Qué es esto, "Inclusión" o "Asimilación"? El que tengas ojos, que vea...

miércoles, 6 de junio de 2007

El Problema de las Libertades

No es asunto fácil hablar del tema de la Libertad, ni en Venezuela ni prácticamente ninguna parte del mundo. Quizá la principal razón sea que -como ocurre con otros conceptos fundamentales de la existencia humana- no existe una definición clara y distinta de lo que queremos definir con la palabra "Libertad".

Podríamos escribir líneas y más líneas respecto al concepto de libertad y no agotarlo, o no dar una definición que satisfaga todas las expectativas. Los conceptos de libertad pueden ir desde la idea más simple (La capacidad de hacer lo que se desee sin depender de otro, o la capacidad de elegir) hasta las más complejas (La cualidad humana de establecer un proyecto de vida acorde a la realización plena del ser humano, tanto individual como comunitariamente, asumiendo la responsabilidad que implica este proyecto y las decisiones que le son inherentes), pasando por toda una gama de definiciones teológicas ("La libertad es la capacidad del hombre de escoger el bien" - Tomás de Aquino), filosóficas, etc.

Si es difícil establecer una definición del término en el mundo de las ideas, no lo es menos ver claramente qué quiere decir exactamente en el mundo práctico, mucho menos en un mundo que cada vez se muestra más variopinto, plural y donde la relatividad del pensamiento parece ser el norte. El hecho es que existe, sí, una especie de concepción no codificada en el ámbito de la palabra, que al parecer no termina de encerrar lo que los hombres y mujeres del mundo entienden como su derecho y el único ámbito donde pueden desarrollarse y relacionarse con los otros.

En el transcurso de estos días, el tema de la libertad (o las libertades) ha sido punto álgido en Venezuela; lo que comenzó con un descontento causado por el "cierre" para unos, "término de concesión" para otros (use usted el término que prefiera), tuvo eco en un numeroso grupo de estudiantes (universitarios los más de ellos) que salieron a la calle para expresar su descontento, en principio, por lo que consideran un atropello a la libertad de expresión y que luego crece para convertirse en una lucha por las libertades civiles, no sólo para los estudiantes, sino para todos los ciudadanos.

Por supuesto, las respuestas del sector que apoya al gobierno revolucionario no se hizo esperar, catalogando a estos estudiantes con una serie de epítetos de difícil comprensión (al menos para mí): desestabilizadores, manipulados por el imperio, alienados, golpistas, etc.

Así transcurre la diatriba: Los estudiantes "alzados" (por usar un término) en las calles reclamando, casi a diario, la restitución de las libertades civiles -que, por cierto, pasa por la restitución al aire de RCTV en su antigua frecuencia, pero que no ignora la presión a la que se sienten sometidos más de cien medios de comunicación privados de radio, televisión e impresos por no recibir del gobierno respuesta alguna a sus solicitudes de renovación- a través de protestas tan variadas como creativas. Mientras tanto, estudiantes, políticos y uno que otro diputado revolucionarios, llaman a debates en las aulas de clase, al abandono de las calles por parte de los primeros, pero sin dejar de descalificar la lucha de los aquellos con epítetos como los anteriormente nombrados.

No quiero hacer mayores refexiones respecto al tema en este post (ya se ha hecho suficientemente largo, por lo que prefiero colocar mis propias opiniones en posts subsiguientes), en este caso simplemente quiero dejar un espacio abierto para la discusión del tema que está en el fondo de todo este asunto ¿Qué es realmente la libertad? ¿qué significa para nosotros y cómo se muestra o no en nuestras realidades cotidianas? ¿Es cierto que hay en Venezuela una conculcación de las libertades civiles, por qué? Las líneas son suyas y que sus pensamientos (que no sus sentimientos) nos guíen a la verdad.