¿Cómo un católico -seguidor de una fe eminentemente mesiánica- puede hablar del Mesianisno como enfermedad? Aclaremos este punto para entrar en tema.
Según el Diccionario de la RAE, el mesianismo es:
"1. m. Doctrina relativa al mesías.
2. m. Confianza inmotivada o desmedida en un agente bienhechor que se espera."
DRAE (Diccionario de la Real Academia Española)
Para el caso que nos ocupa tomaremos, evidentemente, la segunda definición.
No hay que ser sumamente ducho en sociología o en historia de América Latina para entender que la mayoría de las sociedades (por no decir todas) del sub-continente siempre han estado en la búsqueda de este "héroe" que resuelva todos sus problemas, una persona que encarne las virtudes del líder carismático y desinteresado que sea capaz de enrumbar la sociedad hacia su perfección (me parece estar retratando a alguien...)
Esto, al contrario de ser tan bueno como parece, ha sido la triste enfermedad que hemos sufrido durante años. La búsqueda incesante de este "Mesías" nos ha hecho relegar en otro la responsabilidad política y social que sólo puede recaer en el ciudadano, en la sociedad como un todo y nunca en un "alter".
La larga data de mesianismos políticos nos ha dado cosas como el estatismo soviético, las dictaduras que poblaron la tierra latinoamericana durante el siglo XIX y parte del siglo XX, el populismo y paternalismo de estado, etc.; oprimiéndonos unas y alienándonos otras, convirtiéndonos en simples "sirvientes" del "Superhombre" nietzscheano, el "Héroe", el "Mesías".
¿Dónde está la respuesta al dilema, a la desilución de la búsqueda infructuosa? En el real protagonismo ciudadano, en la organización de las comunidades y en la aceptación de la propia responsabilidad en la "danza social", en la construcción de esta sociedad. No será buscando líderes que nos lleven para acá o para allá que nos convertiremos en sociedades democráticas y libres, y mucho menos en la ciega aceptación de su voluntad. No es admisible la frase de Nietzsche «El superhombre es el sentido de la tierra. Que vuestra voluntad diga: que el superhombre sea el sentido de la tierra.» (tomado de "Superhombre" en wikipedia) Asumir la propia responsabilidad es, de hecho, un acto liberador, mientras que relegarla a la voluntad de otro es, también de hecho, un acto de esclavitud.

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