Ojo, a veces es fácil confundirse, entre tantos términos e ideologías, y creer que algunos conceptos, completamente diferentes, son la misma cosa.
No es lo mismo "socialismo" y "estatismo" (a pesar de los grandes ejemplos "comunistas" como Unión Soviética o Cuba); no es lo mismo ser la voz de los desposeídos que creérselo, o peor aún, apropiárselo; no es lo mismo hablar de libertades que otorgarlas, o hablar de tolerancia que ser, de hecho, tolerante; no es lo mismo "ser lacayo" que "ser disidente", ni "disentir" es igual a "oponerse".
No es tampoco lo mismo "ser revolucionario" y "ser ignorante", ni es lo mismo "estar convencido" que "estar vendido". Cada persona tiene el derecho de creer en algo y defenderlo y nadie tiene derecho a prejuiciar al otro por ello; esto no degrada al acusado tanto como al que acusa.
Es importante que en tiempos tan política e ideológicamente difíciles como los que vivimos, mantengamos la distancia entre la razón y los sentimientos. La política no es una cuestión de pasión, cuanto de razón y vale tanto un "repetidor de slogans" del gobierno como de la oposición; hay que tomarse el tiempo para estudiarse a sí mismo y ver si se sufre de estas enfermedades.
Pero sobre todo lo demás, es primordial saber que no es lo mismo ser "adversario" que ser "enemigo". La norma general para estos conceptos es que el adversario es alguien que, aunque no esté de acuerdo conmigo, merece mi respeto y atención mientras que el enemigo debe ser eliminado...
Nadie se equivoque, aunque parezcan igual, no son lo mismo...

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